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PM lo cuenta con mucha gracia, así que se lo fusilo para que no tengas ni que pinchar el enlace;

En este caso concreto, menos miedos con la pérdida de hielo en el Ártico.

Os recuerdo como funciona el cuento de Caperuhielo del Ártico. El calentamiento global tiene efectos más fuertes en el Polo Norte. Y es cierto, lo mismo que pasa con el enfriamiento global. Y si el calentamiento es suficiente (un poco más de lo que vemos ahora), puede llegar el momento en que derrita el hielo del Ártico en verano. Y esto produce la catástrofe, porque el hielo hace que reboten los rayos del sol, y si se pierde el hielo, esos rayos calientan el agua del mar, ahora libre, con lo que se amplifica el calentamiento, y llegamos a lo que en inglés llaman tipping point. Punto crítico, o punto de no retorno. Catástrofe climática que hace que desaparezca el mundo tal como lo conocemos, y llegue un drama universal.

Lo malo es que el cuento tiene problemas demasiado obvios. El primero es que ese efecto de amplificación de un calentamiento por el reflejo del hielo tiene un límite: cuando se acaba el hielo, ya no hay más amplificación. El segundo es que es punto crítico ya se ha alcanzado otras veces, sin que se hay observado crisis alguna asociada él. Las dos últimas veces sin hielo de verano en el Ártico han sido en el último interglaciar, hace unos 100.000 años, y durante el Óptimo Climático del Holoceno (nuestra época), hace unos 7.000 años.

Podemos poner un ejemplo con uno de los iconos del cuento de Caperuhielo del Ártico, el oso polar. En el anterior interglaciar, Eemiense o Riss-Würm, sin hielo de verano en el Ártico, no solo no desaparecieron los osos polares, sino que fue cuando nació la especie. Y que no desaparecieron durante la liberación del hielo hace 7.000 años es evidente por el hecho de que aun siguen entre nosotros. Algo huele a podrido con el asunto ese del “punto crítico”.

Por lo demás, esos momentos de calentamiento global no son épocas de un drama para la vida en la tierra, sino más bien de lo contrario. En el cuaternario, la época geológica en la que vivimos, hay mucho rato de glaciaciones, y pocos descansos de calentamiento global. Lo recomendable es que te toque una de esas fases de “descanso” del frío. Hasta que llegaron los alarmistas a dar el coñazo con el clima, las fases de calentamiento global se llamaban “óptimos climáticos”. Hay varios, y todos son buenos; no malos.

Y para rematarlo, encuentro vía La nueva edad de Hielo [–>], de Onio, un nuevo trabajo “peer-review” que ataca esa idea del punto de no retorno:

Recovery mechanisms of Arctic summer sea ice (Tietsche et al 2011)
Examinamos la recuperación del hielo del Ártico desde las condiciones mar libre de hielo en verano, en simulaciones del clima del siglo XXI sobre un modelo de circulación general atmósfera – océano. Encontramos que la extensión de hielo se recupera típicamente en dos años. El exceso de calor oceánico que se ha creado en durante el momento sin hielo de verano, se devuelve rápidamente a la atmósfera durante el siguiente otoño e invierno, y entonces abandona el Ártico en parte a través de una mayor emisión de radiación de onda larga (infrarrojo) en el techo de la atmósfera, y en parte a través de una reducción de la advección de calor atmosférico desde latitudes más bajas [El viento, vaya]. El transporte de calor oceánico no contribuye significativamente a la pérdida del exceso de calor. Nuestros resultados sugieren que una pérdida anómala de hielo durante un solo verano es reversible, porque la amplificación por el albedo es aliviada por mecanismos de recuperación de larga esacla. De ahí que la idea de un umbral (oun “tipping point”) es improbable que ocurra durante el declive de la cubierta de hielo de verano en el Ártico en el siglo XXI.

Yo no pondría la mano en el fuego por este estudio, el mismo modo que miro con gran escepticismo las afirmaciones de los alarmistas. No hay más que seguir sus discusiones para darse cuenta de que todo son afirmaciones cuanto más llamativas mejor, pero partiendo de una base prendida con alfileres, desde el supuesto conocimiento de un sistema del que se ignora más de lo que se sabe. Pero bien está este estudio, al menos para frenarles cuando se lanzan con el cuento de Caperuhielo del Ártico.


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