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Tras unos días inapetente y desaborío y como me ha vuelto con fuerza las ganas de comer, ( es lo único que me alivia la sensación de tragar contínuamente pastillas a pelo, bastante estomacante)  me estoy haciendo unos homenajes de preocupar. Hace tres días vi en la tele las centollas que sacaban los gallegos, y me entró el antojo de embarazado que llevo.  Pasé por el pescatero, no tenían centollos pero encargué para el día siguiente un buey irlandés de los traidos vivos en piscinas de agua marina, me explicaba el pescatero, por el Canal de la Mancha en un pis pas.

El bicho no cabía en la olla, kilo y cuarto,  y aunque parecía flojito en cuando lo metí dijo que nanglas y hubo que cerrarlo con la tapa de rosca de la olla para aliviarnos el sufrimiento… (mi hija de catorce se quedó con la operación y por poco me demanda a alguna ONG. 🙂

Vaya por delate que siempre he sido de croqueta. ensaladilla y arroz sin mucho tropiezo, por favor,  me encamnta cmer tanto que me aburro quitando espinas, o churrepeteando un cangrejo por ejemplo, con esa delectación de nuestros buelos que mirábamos abobados de pequeños en la mesa en Navidad.

El caso es que sólo con oler el aroma del bicho cocido en agua con sal, recordé la explicación del pescatero;

-Se come todo, excepto unos pulmoncitos que tiene y que verás, por fuera, una vez abierto. Eso lo quitas, lo demás todo, incluido una cosa marrón blanducha. Todo.

Empezamos por las patas y mi hija a pesar de su disgusto tuvo que reconocer que aquello estaba realmente bueno.

Mi mujer se cansó pronto y me quedé yo sólo con el bicho, pasando a la pàrte de dentro.   Realmente entretenido, andar rompiendo todo en cachitos a machetazos controlados, para poder ir hurgando entre los huecos que forman por dentro el esqueleto mas complicao que tengo visto. Pero la chichi nas rica que la de las patas y piunzas, tan aparente.

Y como no podía parar,  relajado, ya sólo,  descubrí aquello marrón que me habían dicho, con un aspecto muy diferente a la carne blanquita y dura del buey.  Meto la cuchara venciendo mis atávicos tics existenciales, lo pruebo con la mente en blanco (el tai chí también se puede hacer comiendo carramarro )  y descubro una especie de foigras exquisito, ligerísimo, con un sabor tan maravilloso que me quedo sorprendido… y me río de la última novedad de la nueva cocina de diseño que nos sacan todos los días en la caja tonta, con aire deconstruido en sorbete al nitrógeno líquido de esencia de raspa de anchoa hojaldrada en holograma.

Y la constatación, iluminación al cabo,  de que  poder gozar intensamente de placeres sencillos cada vez merece más la pena.

Al día siguiente, ayer, bajamos a Vitoría con los chicos, a dejarle a Axel en su piso y conocer el sitio, y nos fuimos a buscar un restaurante indio que había visto en Google, pero como no lllamamos para ver si funcaba o no, resultó que no y acabamos en un chino cerca.

La cosa es que cenamos a gusto los cinco apuntado coleguilla de Axel,  hicimos risas y yo especialmente disfruté del papeo como si llevase tres días sin comer. por supuesto pasé una noche coñazo, y a la mañana todavía estábamos (Carmen igual)  con la comida en la boca, pero yo al menos de un contento…

Hoy hacía un día estupendo, me he animado y tras avisarla a Mundaka, a estar el rato juntos.  Hemos ido al casino, como cxasi siempre, y de nuevo he acertado, un platillo suave de pinchitos de calabacín con relleno de producto marino en salsa de pescao, delicioso, y un chicharro pescao anoche y hecho en su punto tan lujurioso que casi me pongo cachondo.  Como Homer…ahhhhhhh

Ahora es de noche y hemos preparado  un purecito de verduras, supongo que alguna breva más caerá,  para no pasarme demasiado.  Es lo que tiene pasar temporadas sin poder disfrutar de la comida,  uno de los escasos placeres que te puedes regalar cuando andas pachucho.  Que cuando vuelves a saborear los matices maravillosos de una cocina difrutas como un enano.

Al fin y al cabo es como esos vejestorios forrados que palman echando un quiqui con su despampanante costillita encantada de heredar a base de cumplir. Si tenía que palmar de un esfuerzo cualquier día de estos en un berrinche con su hijo o con el chófer, con el gerente de su empresa o en un atasco de tráfico,  mejor momento será en su cama con su moza pasándoselo teta.

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4 Comments

  1. Bueno, si yo llego a estar contigo delante del buey, ya te digo que no te quedas solo comiendo…A mí me encantan esos bichos….Deliciosos… mmmm!

  2. No se si te acercarás estas navidades, si nos vemos espero que sea para poder comernos mano a mano otro bicho de estos.
    😀

  3. No, Navidades me quedo aquí en Alemania, pero es posible que en primavera. De todas formas, cuando vaya iré a hacerte una visita, con Buey! Para jalárnoslo tú y yo, mano a mano!

  4. Pues después. Y si no es un fruto de mar (que ya sabes que va por épocas) lo que se tercie, pero jugoso.

    Y Feliz Navidad, ya de paso, reparte besos en casa.


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