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El día pasado hablando con la jefa sobre si saldría el jueves o viernes le comentaba que no me importaría estar un día más, la quimio me tenía machacao, pero hoy cuando me ha hecho la visita y lo ha comentado, ya tenía todas las medicaciones tomadas incluyendo un par de “chuletas” (así les llaman a las transfusiones de sangre en hematología), le he dicho que si no me soltaba me largaba por la ventana haciendo una liana con la maraña de tubitos de mi infusomat.

Y es que si la semana pasada tuve un compañero de cuarto encantador, él y sus hijos los lequeitiarras, esta vez la suerte ha sido esquiva y me ha tocado una familia genéticamente incompatible al 100%.
De los que entras en el baño y te encuentras la colada en remojo en el lababo, ocupan los dos colgadores del baño, tiene cerrada la cortina de separación entre cama y cama como si no quisieran ni verte pero, hay amigo, la TV es su patrimonio y no la desenchufan ni dormidos.
Y digo dormidos porque al menos la mujer no ha salido de la habitación en estos días. Al pié del cañón, de su marido, haciendo guardia las 24 horas, mando de la tv en ristre y buscando esos programas que tanto me ponen, tipo GH o tertulias de despelleje entre travestis de tetas gigantescas y macarras “periodistas”.
Y yo con la tele en la cara, me pillaba del lado que duermo, el reservorio me impide hacerlo del otro, alucinando mientras intentaba dormir con esos flashes de la tv cuando cambian de planos y de luces y colores.
O sea, una gente que no te dirige la palabra como si no existieses, (y no se han dirigido hacia mi en cuatro días ni para saludarme) pero que te convierte la habitación por la cara en la sala de su casa.
Con el hijo tumbado en la cama jugando a la gameboy durante todo el santo día, para acabar de redondear la bucólica escena.
No digo que no hubiera podido ser peor, una familia caló de catorce velando a su patriarca, pero se le aproximaba bastante.

Por otra parte no he conseguido comer nada excepto yogures y medio filete en estos días, la comida del hospi no tiene el nivel del personal que nos atiende por desgracia y entre que a mi la verdad es que me cuesta comer bastante, la boca fastidiada y las tripas del revés, no echan sal y los cocineros debe tener experiencia laboral de algún campo de refugiados de ACNUR el resultado ayer a la noche por ejemplo, era un consomé de ave literalmente salmuera (al hacerlo con pastillas de concentrados se han paso un par de pueblos) y una tortilla de patata tan absolutamente insípida y potrosa que os aseguro que jamás de los jamases he comido un pincho de tortilla en bareto alguno tan mala. Y he comido muchas.

Así que cuando Garazi me ha preguntado si salir hoy me he sentido revivir, que me temía que no acabábamos hasta mañana y le he dicho que por supuesto. Carmen ya estaba en camino y según ha llegado nos hemos ido ya con los informes y el alta preparados por mi ángel de la guarda.
Otro día más de anuncios y televisión basura y ni con treinta chuletas me reparan.

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One Comment

  1. Lo bueno que tienen esos jilipollas de pacientes, es que cuando corren la cortina para no verte tampoco les ves tú a ellos…Son tipo autista 48 barra…
    Y si te tocan los huevos le pegas fuego a la cortina…ya verás qué cara ponen…


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