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En Galdákano, hace dos semanas…

Son las diez y media, la planta está ya tranquila y aprovecho para salir de ronda.

Voy enchufado a la  red de tubitos de medicamentos que llevo conmigo en una percha con varias bolsas, aprovecho que tienen en el hospital una estupenda máquina portátil de perfusión con batería, como mi portátil, así que pillo los dos y me voy de paseo por la planta del hospital a buscar un rinconcito libre y solitario, que cuente con ventana con tiro de aire al exterior, algo fundamental para poder fumar un cigarrito y que el humo vaya fuera. Seamos ilegales, cierto, pero con estilo.

En la vida pocas cosas suelen ser lineales, los altibajos marcan casi siempre los gráficos, sean de la bolsa, de la fiebre de un enfermo o de los votos de un partido.

Mi gráfica de “felicidad existencial” que, venía arrastrando un poco baja desde que hace un lustro fui yonqui del interferón  en dos ocasiones,  se desplomó un viernes negro que hizo un día espléndido, hace cuatro meses. A finales de agosto.
El tiempo era bueno, había olas así que me animé a coger mi vieja tabla de surf y evitar que se perdiera en la memoria cuando había sido la ultima vez que pillaba unas olas. Pasados los cincuenta, cuesta remar, y si no te cuidas mucho y fumas como un cosaco, ni te cuen.

El mar estaba en efecto imponente, mas de dos metros en Laga, el límite normalmente surfeable allí.

No hice ni precalentamiento bobo de mi, y me tiré recto palante como un crío de los que allí andaban.
Cinco minutos, la vida es eterna, en cinco minutos… can-taba Victor Jara.

Yo no llegué a cinco minutos, creo que fuero tres, pero si a atravesar cinco olas blancas intentando pasar adentro,  detrás de las rompientes.
Y tras pasar la quinta, la  asfixia. De repente estaba sin oxigeno, y me puse a respirar profundamente muy asustado, no había pasado del todo las rompientes y si en ese momento me caian olas encima lo iba a pasar más que mal.
Tuve suerte y no me cazó ninguna ola, y eso que tardé un rato en poder oxigenarme un mínimo, intenté mantener la calma, descansar y hiperventilar un poco. En cuanto apareció una ola detrás mío bien negra y vertical, pillarla como fuese y salir del agua pitando. Bueno, la bajada y un par de giros había que hacer, luego espumear hasta la orilla .

Ese mismo día pedí cita con el médico.
Sólo hacía un mes que había muerto mi compañero de correrías en moto, Rafa, de un inmisericorde cancer pulmonar que le dio tan sólo dos meses de vida. Se los pasó impedido, sin salir de casa, no podía realizar el menor esfuerzo y, el día que empezó la quimio, su gran esperanza, (no hay otra) se puso fatal y al  día siguiente estaba frio a la mañana.
Así que le dije lo que me pasaba a mi galena e ipso facto placa del pecho, que reveló claramente que algo gordo andaba allí enmedio entre los pulmones. Al Hospital a respiratorio y lo primero un TAC.

Seis dias de goteo

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2 Comments

  1. Como me sigas poniendo triste, te voy a hacer una canción cualquier día de estos…Ese Infusomat detrás tuyo te hace interesante….:-0 !

  2. coñe, que no me aclaro todavía con el puñetero editor de comentarios, hay que aprobarlos para que salgan… a ver si lo voy configurndo.

    Oye va, a ver esa canción pues.

    😉


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