
Esta sesión de quimio ha sido dura, entre el metrotexato que te deja baldao del todo y sin apetito, luego la citarabina durante seis días seguidos que provoca irritaciones de piel generalizadas, parezco una paella de colorines y SOBRE TODO el aguantar los compañeros de habitación dale que te pego con la TV todo el santo día y su visitas contínuas he acabado realmente harto.
Estás hecho polvo, con dolor de cabeza y sólo quieres que te dejen reposar tranquilo y poder dormir, y resulta que te acabas enterando de la vida y milagros de la hermana, la madre, la mujer y media docena de amigos, a gritos la mitad de las veces, del compañero de habitación.
El que tenía esta vez era un entrenador de fútbol y a punto estuvieron de venir a verle el equipo al completo, que horror. Como iba a salir al día siguiente gracias al cielo les dijo que no viniesen. Y estaba dale que te pego con la TV, un tormento.
Añade la calefacción del hospital, un cocedero insano que te reseca como en un horno. Como he estado (y estoy) con trancazo, la nariz, la boca y la garganta me dolían a rabiar al resecarse y me impedían dormir más de media hora seguida a la noche, despertándome contínuamente para beber buchitos de agua.
Así que he salido para casa al acabarse este ciclo como una auténtica liberación, y aunque me ha subido y mucho la fiebre estando en casa y llevo tres días en la cama hecho unos zorros, ni abrir el ordenata he podido, ni se me ocurre volver al hospital que es lo que tendría que haber hecho según la médico. Le he cogido pánico a estar allí y si tengo que ingresar otra vez voy a montar un pollo de cuidado para que de una vez por todas me metan SOLO y sin compañía. Que aquello en vez de un hospital a veces parece la tasca de la esquina.
